"El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible".
Emmanuelle Arsan.


lunes, 5 de enero de 2015

Ayudando a Mamá (6)

Capítulo 6.


La escena era tensa al máximo. Allí estaba mi padre, con los puños apretados. A su lado, mí tía Elvira, con la boca abierta y en estado de shock. Mi madre permanecía de rodillas sobre la cama, intentaba incorporarse pero las esposas que sujetaban sus manos le dificultaban mucho la tarea.

- ¡Te voy a matar hijo de puta! – me gritó mi papá lleno de cólera.

Lanzó un puñetazo intentando atinar al centro de mi cara pero llegué a moverme justo a tiempo. Allí fue cuando reaccioné y me di cuenta de que odiaba a ese hombre. Le devolví el golpe, con la diferencia de que mi puño logró dar contra su mentón. Sin darle tiempo a reaccionar me abalancé sobre él y, poniendo el antebrazo contra su cuello, lo azoté contra la pared del pasillo. Mi tía dio un salto hacia atrás, temerosa de recibir un golpe. Propiné otra trompada en el delgado rostro de mi padre. Él era un hombre menudo, más bajo que yo. Mi fuerza física era muy superior a la suya.

- ¡Hijo de puta sos vos, que siempre nos cagaste la vida! – esta desbocado.
- ¡Pará Nico, pará! ¡Por favor! – la única voz que podía llegar a tranquilizarme en ese momento, la de mi madre.

Dejé de golpear a ese horrible hombre, pero no lo solté. Él luchaba por recuperar el aliento y reponerse del aturdimiento, pero mi brazo apretado contra su cuello se lo estaba poniendo difícil. Pude ver sangre brotando de su nariz y también por su boca. No me dio lástima.

- ¡Basta, cálmense o llamo a la policía! – la chillona voz de mi tía.
- No hace falta que llames a nadie Elvira – al parecer mi madre logró ponerse de pie porque escuché su voz mucho más cerca – soltalo Nico. Él no va a hacer nada. ¿Cierto Arturo? – en su pregunta estaba implícita la frase “Si hacés algo tu hijo te muele a trompadas”

Lo solté de mala gana y caminé hacia el comedor, estaba muy nervioso y enojado ¿Por qué vinieron? ¿Por qué tenían que meterse en nuestras vidas? Giré y vi a Graciela a pocos metros de mí completamente desnuda. Tenía los ojos vidriosos, las manos atadas a la espalda y ese gran dildo negro asomando de su vagina. Por el tamaño y la forma que tenía ese juguete sexual ella no podría sacarlo a menos que usara las manos.

- ¿Pueden explicarme qué es todo esto? – mi tía se reunió con nosotros en el comedor.
- ¿Qué hay que explicar Elvira, acaso no viste suficiente? ¿Querés un dibujito también? – mi madre estaba tan enfadada como yo.
- ¿Ustedes saben que eso que hacen es ilegal? – los ojos de mi tía centellaban de odio.
- ¿Y qué vas a hacer, nos vas a denunciar? – intervine.
- A vos te voy a denunciar – mi padre apareció por el pasillo, con una mano me señalaba y con la otra se cubría la ensangrentada cara – por degenerado y agresor.

Me lancé contra él otra vez pero mi madre se cruzó en el camino, casi la hago caer ya que ella no contaba con el uso de sus brazos. La sostuve con fuerza y me serené un poco. Pensé que me diría que no peleemos otra vez.

- De este hijo de puta me encargo yo – me dijo en voz baja, aunque todos la oímos bien – Arturo, va a ser mejor que te vayas de mi casa o vas a terminar mal – parecía una leona defendiendo a su cachorro.
- ¿Por qué, qué pensás hacer? – la provocó.
- Siempre me fuiste infiel, hijo de puta. El que te acuestes con otras mujeres me tenía sin cuidado, pero el que vayas a encamarte con hombres y que después pretendas dormir en mi cama, me daba asco.

Mi padre se quedó helado, como si la misma Parca le hubiese tocado el hombro. A mí también me sorprendió mucho eso, pero así se explicaba por qué mi papá tenía tan desatendida sexualmente a mi madre, siendo ella una mujer tan hermosa.

- Toda la vida fuiste un puto reprimido. Te casaste conmigo por pura obligación, nunca me quisiste.
- No tenés ninguna prueba para decir semejantes cosas.

Arturo temblaba como una hoja y la cabeza de mi tía iba de un lado a otro como si estuviera mirando un partido de tenis.

- Claro que tengo. ¿Te acordás de nuestro vecino Luis? Ese que coge tan bien. Bueno eso lo sé yo nomás, porque vos te quedaste con las ganas. Me contó de la vez que te le insinuaste y cómo te dejó un ojo negro de una trompada, a mí me dijiste que te habías peleado en un bar o alguna pelotudez de esas que siempre inventabas. Resulta que Luis se ofreció a ayudarme y te siguió unas cuantas veces. Tiene fotos tuyas besándote con tipos, hasta tiene unas cuantas de cuando te rompieron el culo adentro del auto. Así que te voy a decir una sola cosita, hijo de puta, si vos pisás esta casa una vez más, si siquiera te llego a ver por la calle o me entero que mencionas a alguien mi nombre o el de mi hijo, empapelo toda la ciudad con tu culo y tus padres van a ser los primeros en enterarse.

Tenía ganas de besar a mi madre y de golpear una vez más a mi padre. A ese hijo de puta se le había terminado la altanería, estaba aterrado. No movió ni un músculo.

- Ahora andate, porque si Nico te quiere pegar otra vez, ya no lo voy a parar.

Tuve que dar un paso amenazante hacia él, esto lo hizo retroceder y abandonó la casa dejando gotitas de sangre por todo el trayecto. Ahí supe que la culpa era mía, por no cerrar con llave la puerta de la casa. Ellos seguramente entraron al escuchar los gritos de mi madre.

- ¿Y vos a qué mierda viniste Elvira? – la bronca de mi madre no menguaba.
- Yo… yo vine porque… es que… - no paraba de mirar mi pene que colgaba, con rastros de semen, y la vagina de mi madre con ese juguete plástico de gran tamaño – es que Arturo me pidió que viniera, quería que yo fuera testigo. Traía los papeles para el divorcio.
- Eso es puro trámite para mí, me importa un carajo el divorcio. Él no puede sacarme ni las cortinas de la casa, está sucio como una papa y tengo pruebas de eso, así que se va a tener que meter los papeles en el orto. Capaz que le termina gustando.

Mi tía parecía descompuesta. Se sentó en una silla y su mirada se perdió en los labios vaginales de mi madre. Recordé las esposas, fui hasta el cajoncito de mi cuarto, donde guardaba las llaves y liberé a Graciela.

- Qué va a pensar Mario cuando se entere de esto – Mario era el nombre de su marido, era ese mismo tipo que estuvo metiéndole mano a mi madre en la fiesta que organizamos en casa.
- ¿Y por qué tiene que enterarse? – mi mamá friccionó sus muñecas.
- ¿Cómo que por qué? – Elvira la miró a los ojos – Es obvio que le voy a contar, de esto se van a enterar unos cuantos y a mí no podés chantajearme como hiciste con tu ex marido.
- ¿Qué te hace pensar que no puedo? No me provoques Elvira.

Puso el pie derecho sobre una silla, su vagina se abrió mostrando más el incrustado dildo, mi tía miraba asombrada. Tiró hacia abajo desde la base y lo fue sacando de a poco, sus labios se volvieron elásticos. Cuando lo sacó completo unas cuantas gotas de fluido vaginal cayó al suelo y sobre la silla. Graciela suspiró y apoyó el gran pene plástico sobre la mesa, los ojos de mi tía parecían estar saliéndose de sus órbitas.

- ¿Querés que te lo preste? A vos te hace falta uno así.
- ¿Eh? – la vieja miraba fijamente la concha abierta de su hermana – ¡No! ¿Cómo se te ocurre que yo me voy a estar metiendo semejante cosa?
- Es cierto, siempre fuiste una frígida. Tu marido se encargó de hacérmelo saber.
- ¿Qué, qué hiciste con mi marido?
- Nada, solamente hablamos – no sabía si eso era tan cierto – y me contó lo frígida que sos en la cama, vas a hacer que termine buscando a otra más… dispuesta.
- ¡Yo no soy frígida! Hoy mismo hablo con él de esto que pasó acá.
- Dale, andá y contale a todo el mundo. No te olvides que somos tu familia y que a vos también te van a mirar raro por la calle, la gente va a dejar de hablarte, van a pensar que vos también hacés estas cosas, no vaya a ser que los rumores empiecen a correr. Además, yo nunca conté lo que pasó en el viaje a Carlos Paz – los ojos de mi tía reaccionaron como los de un personaje de caricatura, parecía que iban a quedar colgando fuera de sus cuencas – así es, no me olvidé de eso. Andate Elvira. Si querés no me hables nunca más, sinceramente me importa un carajo, pero no te metas en mi vida – señaló la puerta.

Mi tía se puso de pie con dificultad, no se recuperaba del asombro. En cuanto abandonó la casa pude ver una gran mancha de humedad sobre el tapizado de su silla. La muy puta se había mojado. 

Ese día fue terrible. Teníamos el ánimo por el piso, ni siquiera cenamos. Nos fuimos a la cama muy temprano y nos quedamos abrazados sin hablar hasta que nos dormimos. De sexo ni hablar, ninguno tenía ni el más mínimo deseo. Al día siguiente mi madre fue a trabajar sólo para no tener que quedarse todo el día en casa, pensando. Yo tuve una entrevista de trabajo, para una fábrica en una localidad cercana, pero estaba tan distraído que no pude dar una buena impresión. Los entrevistadores notaron mi patético estado de ánimo y tuve que decirle que mis padres habían discutido y que se iban a divorciar. Lo cual era totalmente cierto. Dudaba mucho que fueran a llamarme otra vez.

Esa tarde mi madre me llamó por teléfono para decirme que saldría con sus amigas, necesitaba despejarse un poco. Apenas 20 minutos más tarde el teléfono volvió a sonar. Al contestar escuché la voz de una chica, estaba llorando.

- Primo ¿Qué pasó? – era la voz de Naty, la hija de mi tía Elvira. Ya está. Estábamos muertos, la vieja había ido con el chisme a medio mundo.
- ¿Qué pasó con qué? – tenía la boca seca.
- Mi mamá no me deja ir más a tu casa, no sé por qué. No me quiere decir. No entiendo nada.
- Es algo un poco difícil de contar por teléfono – no era mi intención mentir más.
- Entonces voy para allá.
- Pero tu mamá no te deja.
- Me importa una mierda, si al final nunca le hago caso. Voy para allá.

En menos de quince minutos mi prima ya estaba tocando el timbre. No vivían muy lejos, pero me sorprendió lo poco que demoró, se la veía agitada. Aparentemente vino caminando muy rápido o corriendo. Me dio un fuerte abrazo, me sorprendió un poco porque no solía ser tan cariñosa conmigo… exceptuando esa vez que me chupó la verga, pero lo había hecho borracha. Tomamos asiento en el comedor.

- Ahora si Nico, contame qué fue lo que pasó.
- No es tan fácil. Sé que no vas a entender nada de lo que te diga, que te vas a enojar conmigo y que tal vez no vuelvas a hablarme, por eso antes quiero decirte que siempre te quise mucho y te consideré mi amiga, a pesar de que seas mi prima.
- No me asustes – movía nerviosa sus dedos.
- Te lo voy a decir sin vueltas, porque sinceramente me duele mucho tener que estar explicando esto. Tu mamá nos vio a mi mamá y a mi teniendo relaciones sexuales

La sorpresa de mi prima fue grande, pero ni se comparó con la de mi padre o la de su madre. Miró hacia un costado y pensó unos segundos, estaba asimilando la información.

- Que loco – dijo en voz baja – me imagino la cara que habrá puesto mi mamá – hasta parecía tranquila la chica.
- ¿No te molesta que te lo cuente?
- Me sorprende mucho, pero no me molesta. Al fin y al cabo yo también hice cosas con vos, y soy tu prima.
- Pero vos estabas borracha esa vez.
- Lo de la borrachera fue para darme coraje, pero las ganas las tenía desde hace rato. Además esa noche tu mamá te vio con la pija dura, me imaginé que eso podría afectarla un poquito.
- De hecho todo empezó esa misma noche, así que en parte es tu culpa – ella se rio.

Me tranquilizó enormemente que al menos un miembro de mi familia estuviera dispuesto a entender lo ocurrido. Me pasé la siguiente hora y media contándole todo lo que había pasado en los últimos meses. Tuve que resumir bastante, pero no omití muchos detalles sexuales porque me di cuenta que a la muy turrita le encantaba que le cuente eso. Hasta me pedía que sea más explícito. La verdad es que la verga se me puso como de cemento al revivir todos eso. Ella no podía verme porque la mesa me tapaba. En un momento me hizo una inocente petición que a mí me complicó bastante.

- ¿No me traés un vaso con agua? – era algo tan simple y mundano.
- Buscalo vos – yo estaba empaladísimo, no quería que ella lo notara.
- Ay no seas malo, yo siempre te atiendo bien cuando vas a mi casa – se quejó.

En ese momento me di cuenta que estaba siendo un boludo y un descortés. Ella ya me había visto en bolas con la pija dura. Me puse de pie y nunca llegué a traer ese vaso con agua. Mi prima notó al instante la tremenda erección que amenazaba con romper mi pantalón. Pensé en lo que me había dicho, sobre que me tenía ganas.

- A la mierda primo – abrió los ojos como si fuera la primera vez que la veía, su carita era angelical, aunque tal vez era demasiado flaquita y casi no tenía tetas. Jugueteó con su cabello castaño lleno de reflejos rubios - ¿querés que te ayude con eso? – era más puta que mi madre. No andaba con vueltas.
- Seguime.

Caminé por el pasillo sin voltear, cuando llegué a mi cuarto ella entró detrás de mí, me sonrió y se puso de rodillas. Directo a los bifes, la sutileza no era lo suyo. Liberé la anaconda y se la ofrecí. Empezó a mamar con las mismas ganas con las que lo había hecho la noche de la fiesta, de hecho la situación era bastante parecida, sólo que esta vez ninguno tenía alcohol en la sangre. La chupaba con gran habilidad, no por nada se había ganado fama de ser la petera del barrio. Había cabeceado más veces que un delantero de fútbol. Era asombroso ver como en esa pequeña boquita podía caber todo mi pene. Además no tenía la lengua para hablar solamente. Le estaba dando un uso muy bueno. Cada vez que llegaba a mi glande, lo lamía intensamente. Cerré los ojos y escuché el viscoso sonido que producía con su boquita. Estuvo peteando durante un rato largo, por suerte mi madre me había acostumbrado a aguantar esos tratamientos bucales a mi pene.

Se puso de pie y comenzó a desprenderse el pantalón, ella solía usar ropa holgada, para no parecer tan flaca. Pude ver su depilada entrepierna apenas soltó el botón. La toqué suavemente para comprobar que tan mojada estaba. Me alegré al saber que la tenía empapada, al igual que su bombachita, seguramente se le había humedecido mientras yo le narraba las aventuras con mi madre. Luego se quitó la remera y el corpiño dejándome ver sus pequeñas tetitas con pezones rosados. Fue hasta mi cama y se puso en cuatro. Ni siquiera me lo tuvo que pedir. Me coloqué detrás de ella y vi su preciosa almejita lampiña. Era gordita y carnosa, al contrario del resto de su cuerpo. Un sugerente agujerito me invitaba a pasar. Se la clavé pensando que no encontraría resistencia alguna, pero de hecho la tenía bastante apretada y se quejó.

- ¡Auch! Despacito che, me la vas a partir.
- Perdón, es que te hacía tan putita – ya me había acostumbrado a ese lenguaje – que pensé que la tendrías bien abierta – logré meterla toda y comencé a darle con ganas.
- Seré putita pero no me dejo coger todos los días.
- ¿Día por medio? – la embestí con ganas, su cuerpito me brindaba poco punto de apoyo pero el interior de su conchita me estaba volviendo loco.
- ¡No! Casi nunca, ahhhhhhhhhh siiiiiiii.
- Pero si en el barrio te conocen como la más petera, no creo que eso sea mentira, yo mismo te vi haciendo varios petes en cada rincón oscuro que encontrabas – no dejé de darle mientras hablaba y ya me estaba agitando un poco.
- Ahhhhh, ahhhhh – sus gemidos parecían salidos de un animé hentai – es que hacer petes sí me gusta. No sé por qué, pero no lo puedo evitar. Si alguien me lo pide, y es lindo, no puedo decir que no. Y si no me lo piden tampoco. Siempre y cuando el chico sea lindo – cada palabra que dijo vino acompañada de jadeos y gemidos – pará, ¿tenés forros? – me detuve en seco.
- No, nunca uso. ¿Vos no tomás anticonceptivos?
- No, porque engordan.
- Como si a vos te mataría engordar un par de kilos. Estás re flaca.
- Eso no es asunto tuyo. Ya sé que estoy flaca, pero eso no quiere decir que vaya a querer engordar porque sí – yo ya le había sacado la verga y estaba mirando su culito con ganas.
- ¿Y si entro por atrás? – le pregunté.
- Bueno dale.

Levantó su colita, era pequeñita pero muy hermosa y bien formada. Lubriqué su cola usando los fluidos de su vagina y algo de mi saliva. Esta vez fui más cuidadoso, tal vez le había dado menos uso que a la vagina. No entraba, por más que presionara no lograba avanzar ni un milímetro. Ella se mantenía quieta sin decir nada. Volví a intentarlo y nada. Me estaba impacientando. Presioné fuerte y entró un buen pedazo.

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH!! – el grito de mi prima casi me mata del susto.
- ¿Te dolió mucho? – estaba tan apretadito y rico que no me detuve.
- ¡Como la puta madre! ¡Ahhhhhhh! – su carita se puso roja y hundió la cara en la almohada para apagar sus gritos.
- Vos me diste permiso ¿cuántas veces lo hiciste por atrás? – me quedé quieto sólo para darle un pequeño respiro.
- Ninguna.
- ¿Cómo que ninguna? – pensé que era más putita, aunque sí petaba a cuanta verga se le pusiera adelante - ¿Entonces por qué me dijiste que la meta?
- Porque no quería quedarme con las ganas de coger con vos, otra vez – me conmovió ese “con vos”.
- Que linda. Bueno, prometo ser más suave.

Comencé a moverme muy lentamente, dejando que su culito se dilatara de a poco. Ni siquiera llevé la verga hasta el fondo, me mantuve metiendo y sacando la puntita. Su agujerito ya se estaba abriendo bastante y ella ya no daba la impresión de estar sufriendo. Me adentré un poco más y lo sentí más suave, pero debía admitir que se sentía mejor que el culo de mi madre. Escuché que gemía de placer.

- ¿Te gusta? – le pregunté.
- Ay siiii, siii. Está muy bueno. Ahhhhhh. Seguí, seguí… más rápido… siii, ahhhh, más rápido… ahhhh… ¡Más rápido carajo! – se enojó.
- ¡Uy perdón! – me di cuenta que casi no me estaba moviendo, me había quedado pensando en una cosa que después debía preguntarle a mi madre, pero ahora tenía que atender bien el culito de Naty.

Aceleré notablemente el bombeo, su culito ya se estaba acostumbrando al tamaño de mi verga y me daba más libertad. Podía clavarla hasta el fondo y sacarla casi toda. Cuando volvía a entrar lo hacía fuerte, de un solo envión. A mi prima le estaba gustando cada vez más, arqueaba su espalda y jadeaba mientras yo la sacudía con fuerza. Tenía miedo de partirla en dos, era muy delgadita. Cuando estábamos en nuestro mejor momento veo a alguien parado en la puerta de mi cuarto, casi le parto la columna a mi prima del susto.

- ¡Auch! – gritó Naty – Ah, hola tía. ¿Cómo estás? – la saludó con una sonrisa como si estuviéramos jugando a las cartas.
- Hola chicos – mi madre se tomó la situación con mucha calma, de hecho se veía bastante tiste.
- ¿Querés venir? – a Naty no le quedaban escrúpulos.
- No querida, hoy no tengo ganas. Otro día – hablaban de sexo entre familia como si fuera lo más natural del mundo, me causó bastante gracia la situación y no detuve las penetraciones, allí mi madre notó que le estaba dando por la cola – ah mirala vos a la nena, no pierde el tiempo. Bueno, me voy a preparar la cena, cuando terminen comemos algo.

En cuanto se retiró volví a mi tarea. Partir el culito de Naty.

- ¿A vos también te van las nenas? – le pregunté porque invitó a mi mamá a unirse a la acción.
- Ahh, no te conté. Me estoy comiendo a una pibita – separó más las nalgas para que yo pudiera cavar tranquilamente.
- ¿A quién?
- A la hermanita de Juanjo – Juan José era uno de mis amigos del barrio.
- Bue, ni tan hermanita, la pendeja ya debe tener sus veintitantos, es un camión.
- Tiene 19 y no sabés cómo la chupa. Es re torta.

Escuchar eso me hizo volar de placer. Me encantaba escuchar hablar a esta putita. Le quise dar con más ganas. Esta vez empleé toda mi fuerza en darle caña. Ella comenzó a irse hacia adelante hasta que quedó de cara contra la pared y con sólo las rodillas sobre la cama.

- ¡Ay, ay, ay! No, pará ¡Ay! Pará.

No paré ni por un segundo. Su apretad culito me estaba dando el placer de mi vida, aproveché la posición para frotarle el clítoris con una mano y de paso jugar con sus tetitas. Seguía rogando que parara pero yo sabía que ella quería más. La besé en el cuello y eso la tranquilizó un poco.

- ¿Te vas a tomar la lechita? – le pregunté al oído.
- No.
- ¿No? – estaba sorprendido – pensé que te gustaba… con tantos petes que hacés.
- Si, pero no me gusta la leche.
- ¿Nunca te la tomaste?
- Si, muchas veces, por eso sé que no me gusta.
- ¿Entonces por qué, la tomas? – hablar de estas cosas mientras la cogía me daba más morbo.
- Porque me obligan. A veces cuando los tipos acaban me agarran de la cabeza y me hacen tragar todo, ahhhhh – le metí un dedo en la concha.
- No parece que te disguste tanto, porque ya debés saber cuándo un hombre está por acabar, podrías sacar la cara antes. Yo creo que a vos te calienta que te obliguen a tomarla todita.
- Mentira, no me gusta. ¡Ahhhhhhh! – le estaba dando con ganas y apreté uno de sus pezones. Quería seguir escuchando sus palabras, quería forzarla a decir más.
- Si te gusta, al Colo le hiciste un pete el día del cumple y me contaron que te tragaste la lechita.
- Eso fue porque yo quería, ¡Ay! Además era el cumpleaños…
- Que regalona que sos – me tenté, la chica regalaba petes, sea cumple de alguien o no – ahora te la vas a tomar toda.

Se la saqué de la cola y me paré en la cama apuntando mi verga  hacia ella.

- No, no quiero – dijo riéndose – salí Nico, no quiero.
- Abriendo la boquita… - me estaba masturbando y sabía que dentro de poco llegaría el torrente lechoso.
- ¡Ay nooo! - La muy yegua salió corriendo del cuarto, en bolas y con el culo abierto - ¡Tía, tía! – gritaba como si mi madre fuera a ayudarla.

Corrí tras ella, llegó hasta el comedor y volvió, aparentemente mi madre no estaba allí. Esta quería guerra y yo se la iba a dar. Intenté atraparla a mitad de camino entre el comedor y mi cuarto pero ella giró hacia la izquierda, donde estaba el baño. Se metió y ahí estaba mi madre.

- ¿Che, que hacen? Me estoy bañando. A ver si se calman un poquito que ya están grandes para estas boludeces.

Mi prima se quedó boquiabierta al ver a mi madre completamente desnuda bajo la lluvia de agua tibia. Me acerqué a Naty por detrás y ella se sentó en el inodoro.

- Tía ayúdame, me quiere hacer tragar la leche.
- ¿Y eso a mí en qué me afecta? – le respondió con una pregunta.
- Es que… - intentaba esquivar mi pene – es que me lo metió por la cola y ahora me lo quiere meter en la boca, que asco.
- A ver Nico, vení.

Tuve que quitarme la remera y me metí con mi madre a la ducha, ella tomó el jabón y me limpió bien la verga, mi prima miraba atónita pero se le notaba el gustito por lo que estaba ocurriendo. Graciela siguió limpiando hasta que no quedó ni rastro de jabón. Luego se puso en cuclillas.

- Si vos no la vas a tomar, la tomo yo – y se metió la verga en la boca.

Tuve que cerrar la ducha, hay gente a la que le encanta tener sexo en esas condiciones, pero a mí la verdad me molesta mucho el agua cayéndome en la cara. Mi madre chupaba con calma y sabiduría. No quería hacerme acabar rápido. Abrió las piernas y las puso de forma transversal a su cuerpo y empezó a masturbarse, para que mi prima pudiera mirarla.

- A esto todavía le falta mucho, mejor me lo llevo para la pieza.

Mi mamá me llevó de la mano hasta su cuarto y mi prima nos siguió sin decir una palabra. En cuanto me senté en la cama Graciela se puso de rodillas, con la cara entre mis piernas para seguir chupando, dejando su colita levantada mientras se mandaba dedo. Naty miraba con la boca abierta. Después de unos segundos no aguantó más las ganas, se acostó detrás de mi mamá y acercó la cara a su entrepierna.

- Ah, no, no, no. Si la nena no toma toda la lechita no hay conchita – amé a mi madre más que nunca.

Yo estaba a punto de acabar y me gusta estar de pie al hacerlo, por eso me paré en la cama. Naty ya resignada se acercó a mamarla, ahí tenía dos hermosas mujeres chupándome la verga. Un sueño hecho realidad. Mientras una tragaba todo el tronco, la otra me lamía los huevos. Sus lenguas se tocaban de vez en cuando y eso me calentaba más. No podía resistir mucho. Cuando el momento llegó, mi madre se apartó. A Naty no le quedó otra que abrir grande la boca y recibir todo mi semen, me hubiera gustado que salga más, pero la cantidad fue suficientemente buena como para que la leche chorreara un poco fuera de su boca. Apenas largué la última gota mi mamá tomó mi lugar. Besó a Naty apasionadamente, lamiendo la leche que había quedado afuera y comenzó a tocarle la conchita. Mi prima tuvo que arquear la espalda hacia atrás y sus tetitas quedaron apuntando al techo. Me senté en la cama para contemplar la acción mientras me reponía.

Se besaron por largo rato y se metieron mano hasta bien adentro. Luego mi mamá se sentó a mi lado y aguardó con las piernas abiertas. Naty por fin pudo cumplir eso que quería hacer desde hacía tiempo, chuparle la concha a su tía. Se mandó sin preámbulos, derecho a chupar, se prendió al clítoris y comenzó a dar lamidas por todos lados. Graciela me guiñó un ojo como diciéndome “Viste, estamos compartiendo la misma mina”. Me agradó verla sonreír, era la primera vez que lo hacía desde lo que había pasado el día anterior.

- Mamá. Te quiero preguntar algo sobre la tía… - no terminé la frase, me di cuenta que no era el momento oportuno de mencionar ese tema.
- Preguntá tranquilo, igual ya me imagino qué querés saber – cerró los ojos y gimió apretando hacia abajo la cabeza de mi prima, ¡Qué calentura!
- Ah bueno. Sí, quería saber sobre lo del viaje a Carlos Paz – Naty no levantó la cabeza pero yo sabía que estaba escuchando muy bien lo que decíamos - ¿qué pasó?
- Aja. ¡Ahhhhhh! – mi madre llegó al primer orgasmo increíblemente rápido - Naty, no es la primera vez que te comés una conchita, ¿cierto? – no hacía falta respuesta – bueno, pasó algo muy loco, ahora te parecerá una pavada, pero en esa época nosotras teníamos como 20 años y estábamos de vacaciones en Córdoba – me sorprendía que pudiera hablar tan tranquila mientras se la chupaban – allá hay algunos boliches muy buenos y Carlos Paz está cerca de la Capital. La cosa es que tomamos un montón, las dos. Y cuando volvimos al hotel en Carlos Paz no podíamos ni caminar derecho. Por suerte nuestros padres no nos vieron. ¡Ay nena siii, seguí así! – Naty chupaba con devoción mientras se hacía la paja, a mí ya se me estaba parando otra vez – El problema llegó cuando estábamos en la habitación. Tu tía se descontroló. Se me tiró encima y empezó a darme besos por todas partes, me tiró arriba de la cama, yo no podía ni moverme del pedo que tenía, pero intentaba sacármela de encima – ahí Naty dejó de lamer, la historia le causó interés – nunca se había puesto así conmigo. No entendía nada. La cosa es que me sacó la bombacha y se mandó a chuparme la concha, yo sabía todo lo que pasaba, pero de verdad ya no podía ni reaccionar, la quería empujar pero no tenía ni fuerzas. Me la chupó un rato largo, hasta me hizo acabar. Después se fue a dormir y yo también me quedé dormida. Al otro día no le dije nada, pero yo sabía muy bien lo que había pasado. Desde ese día nuestra relación cambió mucho, ya no nos hablábamos tanto y yo procuraba no quedarme sola con ella, menos estando borracha. Por ese entonces yo no hacía estas cosas y me dio mucha bronca que haya abusado de mí de esa manera.

Nos quedamos en silencio como asimilando lo que habíamos escuchado.

- Yo ya sabía que a mi vieja le gustaban las mujeres – me sorprendió ese comentario.  
- Además puede que se haya calentado porque ella es la hermana – agregué.
- Yo creo que fueron ambas cosas. Ella a veces miraba a mi papá de forma rara, no como una hija, sino como una mujer. No sospecho de mi padre porque era un tipo muy recto, pero que se yo, a mí me daba la impresión que a ella le calentaba todo eso del incesto. Ahora que veo las cosas desde otro punto de vista quería pedirle perdón por tratarla tan mal, hasta lo que ocurrió ayer. Es más, quería decirle que lo que hizo me gustó, en ese momento no lo admití, pero ahora tengo que reconocer que en ese momento, con la borrachera, me empecé a calentar y ya no la quise sacar. Hasta le abrí las piernas. Esto nunca se lo conté a nadie, pero ya que estamos me quiero descargar. En esa época nadie me había hecho sexo oral, era siempre ponerla y listo. En cambio Elvira me mostró una nueva forma de placer. No sólo me chupó la concha sino también las tetas y hasta me besó, igual te digo que yo era un cadáver, no podía ni moverme en serio, por más que quisiera, todo me daba vueltas pero seguía consciente. Ella se desnudó toda, en esa época tenía un cuerpito hermoso. Me comió la boca mientras me metía los dedos, puso mi mano en su concha y noté que la tenía muy mojada, pero yo no tenía fuerzas para nada. Por suerte no me puso la concha en la cara, porque ahí sí que vomitaba, en ese entonces todavía me daban asco esas cosas. Todo terminó cuando volvió a chupar hasta que acabé, como ya les había dicho.
- Eso me explica muchas cosas - dijo Naty sentándose en la cama.

Habíamos olvidado momentáneamente nuestro acto sexual, este tema era muy interesante.

- ¿Qué cosas? – la curiosa fue mi madre.
- Cosas que nunca le conté a nadie, pero a ustedes no les va a molestar. En mi familia también pasan cosas raras, por eso no sé por qué mi mamá se escandalizó tanto cuando los vio a ustedes. Hace un rato te quise contar – me miró – pero vi que la tenías parada y bueno… - nos reímos los tres.
- Dale contanos – la incentivé.
- Resulta que mi mamá siempre fue un poco rara, dentro de la casa no es como ustedes la imaginan. No es una vieja amarga que se lleva mal con todos, eso es de la puerta para afuera, nada más. Nosotros nos llevamos más o menos bien, a veces hasta me rio mucho con ella. Ese rumor de que es frígida en la cama lo inventó mi papá, ella no es nada frígida, es bien porno cuando cogen, lo sé porque suelo escucharlos. Lo único que no hace es entregar la cola, y eso es lo que le jode tanto a mi viejo. El tema es que a mi vieja nunca le molestó que yo ande con poca ropa en la casa.
- ¿Qué tan poca? – preguntó mi mamá.
- Corpiño y culotte, por ejemplo, aunque esté mi papá presente. Ella siempre me dice que todo eso me queda muy lindo y que se pone contenta de tener una hija tan linda y que se yo. A veces mi papá me mira raro y ella no se queja. Hubo unas cuantas veces en las que estábamos mirando tele en el sofá – ellos tenían un sofá tan amplio como en el nuestro – yo siempre me siento entre los dos y si me canso me acuesto sobre el hombro de mi papá y él me acaricia. A veces se le va un poco la mano, especialmente si estoy en ropa interior, y me acaricia la cola. Es imposible que mi madre no lo vea, está sentada al lado nuestro y sin embargo no dice nada, se hace la boluda. Aunque a mi papá se le pare la verga y se re note, ella no dice nada.
- No me sorprende, a mi hermana siempre le gustó mirar. Un par de veces la pesqué espiando a mis padres mientras lo hacían, o hasta me espiaba a mí si estaba con algún chico en la casa. Capaz q se creía que no nos dábamos cuenta.
- Pero eso no es todo tía. Una noche pasó algo muy raro. Yo estaba como les dije antes, apoyada contra el hombro de mi papá y él me acarició la cola. Después de un ratito sentí que me pasaba los dedos por el medio, sobándome la conchita. Si mi mamá no vio eso es ciega como un topo.
- ¿A vos te molestó? – le pregunté y ambas me miraron mal por interrumpir.
- No, para nada. Siempre fui muy calentona. Me re mojé mientras mi papá me tocaba. Yo quería saber hasta dónde podía llegar la cosa y me acosté sobre las piernas de mi viejo. Tenía la verga re dura, hasta le podía ver los pelitos porque el short se le encarpó bastante. En eso él me mete un dedo debajo de la bombacha y me la toca toda. Yo estaba re caliente, llegó un momento en que no me importó nada, prefería que mi vieja me matara antes de quedarme con las ganas. Despacito le fui metiendo la mano al short hasta que saqué la verga. Nadie dijo nada. Entonces me mandé, empecé a chupársela, fue la primera vez que chupé una verga.
- ¿No será que por eso hacés tantos petes? – de repente me salió el psicólogo de adentro, Freud se haría millonario con mi familia – como si quisieras que esos penes que chupás se parezcan al de tu papá.
- No lo había pensado así, pero puede ser.
- Callate Nico, que quiero saber qué pasó – mi mamá estaba con las piernas bien abiertas masajeándose el clítoris – terminá de contar Naty. Si vos interrumpís una vez más te corto los huevos – como yo apreciaba mucho mis queridos huevos, ya no volví a interrumpir.
- Bueno, la cosa es que le hice un pete. Mi papá me toqueteó toda, el clítoris, el culo, me metió dedo, todo lo que podía hacer ahí abajo. Yo aprendí rápido, no me costó mucho saber que a él le gustaba más cuando le chupaba la punta de la verga, a todo esto se me da por mirar para atrás, en eso veo a mi mamá con cara seria, mirándome a los ojos, pero no me dijo nada, así que seguí chupando. La cosa empezó a ponerse heavy. Ya era muy obvio lo que estábamos haciendo y en eso siento que me bajan el culotte, sé que fue mi mamá. Hasta sentí dedos de más tocándome la concha.
- Pará, pará, porque ya no entiendo nada – esta vez la que interrumpió fue mi mamá – Si ella no tiene problema con esas “prácticas” sexuales ¿por qué carajo hizo tanto quilombo ayer? – nadie respondió – A ver vos Nico, que tenés dotes de psicólogo – lo dijo en tono burlón - ¿qué opinás?
- Yo creo que lo que le molestó fue que vos lo hicieras, después de que la rechazaste a ella cuando eran jóvenes. Le despertaste un viejo rencor. Ella pensará “¿Por qué si lo hace con su hijo y conmigo no?” – las dejé mudas con esa respuesta – bueno Naty, seguí contando, yo me encargo de que mi mamá no interrumpa más – bajé la cabeza de mi madre hasta que quedó con mi verga dentro de la boca. Ella se rio un poco pero sin embargo empezó a chupar.
- Bueno, porque ahora viene la mejor parte – continuó Naty – yo estaba chupándosela a mi papá, más caliente que nunca y en eso él me aparta. No sabía por qué hasta que me hizo acostar en el sofá, quedé con las piernas sobre la falda de mi mamá. Ella empezó a acariciarme la panza y me sacó el corpiño. Mi papá me abrió las piernas y puso la verga contra mi conchita. Yo era virgen todavía, dejé de serlo en ese mismo momento. Me penetró despacio, pero me después de un ratito ya me la había metido toda. A mí me re gustó. Por esa época yo me mataba a pajas, me hacía dos por día al menos. Creo que ellos lo sabían, hacía rato quería que alguien me cogiera y que lo hiciera mi papá me gustó más. Mientras él me la metía ella me acariciaba el clítoris. Me puse loquita, empecé a gemir y a gozar tanto que mi mamá me tuvo que tapar la boca. Mi papi me la metió muy rico. Un rato después acabó adentro de mi conchita. Fue re lindo sentir el semen adentro de mi cuerpo. Tuve un orgasmo re zarpado

Mi prima sonreía, de verdad le agradaba todo eso, ahora estaba entendiendo muchas cosas de su forma de ser.

- Lo más raro es que mis padres se fueron al cuarto sin decirme nada, me dejaron ahí en bolas. Me fui a la pieza, igual yo estaba contenta. Al rato los escuché cogiendo. Estaban más calientes que nunca. Al otro día ninguno me dijo nada, lo único diferente que vi fue una pastilla sobre mi mesita de luz con un cartelito escrito por mi mamá que decía “Tomate esto” supuse que era para no quedar embarazada.
- ¿Nunca te hablaron del tema? – pregunté mientras mi madre me la chupaba sin parar.
- No nunca, ni siquiera esa vez que mi papá entró a mi cuarto y empezó a tocarme, supe que quería coger y me puse contenta. Me desnudé toda y él me re partió. Fue mejor que la primera vez. En un momento me di cuenta que mi mamá estaba mirando desde la puerta de la pieza. Cuando yo te dije que me dejaba coger poco era cierto, sólo lo hice esas dos veces con mi papá y hoy con vos. Nada más. Pero ahí no terminó todo. Una tarde mi mamá me pidió que vaya a su cuarto y cuando entré la vi desnuda. No me dijo nada, me hizo señas para que le chupara la concha. La tenía abierta y toda mojada. Esa vez sí me puse un poquito nerviosa, pero igual lo hice. Al principio no me pareció algo lindo, tenía un sabor raro, pero después de unos minutos, al escuchar los gemidos de mi mamá, me empezó a gustar y se la chupé con más ganas. La hice llegar al orgasmo. Después le tocó a ella. Me la chupó toda, ahí aprendí cómo hacerlo. Me empezó a gustar eso de estar con mujeres, por eso es que me estoy comiendo a la hermana de Juanjo – mi mamá dejó de chupármela – me gustó hacer eso con mis padres, lo haría de nuevo sin duda, lo único que me jodió es que ninguno me hablara y actuaran como si nada pasó. Como si yo fuera un juguetito sexual – pude ver algunas lágrimas en la cara de mi prima.
- Ay mi vida, no llores – mi madre la abrazó – tu mamá es un poco difícil a veces.
- Tu mamá está re loca – acoté.
- Ay si, como si la tuya estuviera muy cuerda – dijo Naty riéndose, ya iba dejando atrás las ganas de llorar.
- Hey, no se metan conmigo que yo no les hice nada. No te preocupes querida, con nosotros si vas a poder hablar de lo que quieras. Bueno, vengan que vamos a comer algo – ella se levantó de la cama.
- Pero yo estoy así… - señalé mi verga dura.
- No es el momento Nico, tu prima necesita un respiro – Naty asintió. ¿Por qué eran tan complicadas las mujeres – no te preocupes, hoy ella se va a quedar a dormir en casa, me importa una mierda si Elvira se enoja.

Fuimos a cenar, los tres nos vestimos con lo primero que encontramos, mi madre y Naty se quedaron en topless, sólo tenían un short para tapar sus partes bajas. La cena fue rápida, apenas algunos sándwiches y unas cervezas. Hablamos de cualquier cosa con tal de evitar los graves problemas de mi familia. Mi tía llamó por teléfono para preguntar si su hija estaba ahí y mi mamá le dijo que se iba a quedar a dormir en la casa, que si a ella le molestaba que viniera a buscarla. Mi tía nunca apareció.

Por suerte Graciela y Naty recuperaron las ganas de coger, yo no me quería perder la oportunidad de hacer un trío con ellas. La pasamos genial. Entre las dos hicieron un hermoso 69 y yo fui probando de a un culito por vez. Me encantó ver cómo se las chupaban mientras yo les daba por atrás. A veces alguna me lamía los huevos. Los jadeos femeninos inundaron la pieza. Mi prima solía quedarse arriba, ya que era más menudita, pero de vez en cuando volteaban para que yo siguiera partiendo colas. Después de un rato olvidé que el culito de Naty era virgen, ya se le había abierto bastante con mis constantes penetraciones, además ella gozaba como loca cada vez que se la metía. Hasta le daba por arañar la cola de mi madre.

No toqué sus vaginas, ellas las reclamaron, no dejaron de chuparse en ningún momento. Se comieron los clítoris con devoción y si alguna acababa, no dejaban de mandar lengua. Cuando acabé lo hice en la cara de mi madre y esta vez fue Naty la que lamió todo el semen mientras se metían los dedos. Conté varios orgasmos en cada una.

Nos acostamos los tres en la misma cama, mi prima se quedó en el centro, no ocupaba nada de lugar. Me puse a pensar que teníamos una familia llena de enfermos sexuales, pero lo cierto era que desde que empecé a tener relaciones con mi madre investigué y leí algunas anécdotas reales sobre incesto y me sorprendió la cantidad de gente que afirmaba que tenía relaciones abiertas con varios miembros de su familia. Aunque la mayoría sólo llegaba a hacerlo con uno. En ese momento se me ocurrió algo mientras miraba sus cuerpos desnudos.

- Mamá, ya sé cómo puedo arreglar las cosas. Si sale mal, se va todo al carajo definitivamente, pero si sale bien puede que quedemos en paz.
- ¿Qué pensás hacer? – me preguntó.

- Mañana te cuento bien. Ahora vamos a dormir.

Fin del Capítulo 6
Continúa en el Capítulo 7

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