"El erotismo, ese triunfo del sueño sobre la naturaleza, es el refugio del espíritu de la poesía, porque niega lo imposible".
Emmanuelle Arsan.


viernes, 2 de febrero de 2018

Venus a la Deriva [Lucrecia] - 07. Lo que embruja es el riesgo.

Capítulo 7.




Miércoles 16 de Abril, 2014.

-1-


Mi mayor refugio siempre había sido el estudio. A veces me exigía más de lo que realmente necesitaba, como si en un examen pudiera conseguir una calificación mejor que “Excelente”. Con el paso del tiempo comencé a sospechar que hacía eso para aislarme de los problemas del mundo real.
Una tarde me encontraba dentro de este refugio erigido con libros y apuntes de la facultad, estaba haciendo grandes avances, tanto que dentro de poco me quedaría sin excusas y debería ocupar mi tiempo en otra cosa. Mi celular me interrumpió. No acostumbraba a dejarlo en silencio ya que no tenía tantas amistades que pudieran interrumpirme, de hecho ese aparato se podía pasar días sin sonar.
Miré la pantalla. Había recibido un mensaje de Lara. Este decía:
«¿Querés venir a dormir a casa? Vemos unas pelis».
No sabía qué contestar.
Dejé el teléfono arriba de la mesa e intenté volver a concentrarme en mis estudios. Diez minutos después llegué a la conclusión de que si no respondía, mi amiga se enojaría. Puse la situación en una balanza: Si me negaba a visitarla podría pensar que sigo enojada con ella, por el asunto del beso. Si le decía que iría, tal vez me vería en un aprieto emocional.
Recordé las fotos de ella desnuda; aún estaban en mi poder. Por primera vez desde que las robé me dieron ganas de mirarlas.
Su vagina era realmente preciosa. Estaba perfectamente formada, pintada con leves tonos rosados. Sus labios eran delgados y su clítoris apenas perceptible. Su piel era suave y blanca como la leche. En una de las fotos tenía las piernas abiertas y podía ver su agujerito, del cual salían unas gotitas de fluido transparente; su clítoris se asomaba como si me invitara a lamerlo. Seguramente se estaba masturbando cuando capturó la imagen y una placentera calidez se apoderó de mi entrepierna.
Sin pensarlo más le contesté que iría a su casa.

-2-


Llegué a su domicilio una hora después de recibir el mensaje. Rondaban las 8:30 de la noche y sus padres ya me esperaban con la comida lista. La comida kosher cada día me parecía más rica; aunque algunas recetas podían ser bastante simples, solían ser platos muy sabrosos. Si mi madre me viera comiendo alimentos típicos de la colectividad judía, le daría un ataque de nervios. Ella no tenía nada en especial en contra de los judíos, solamente odiaba a todas las religiones por igual; a excepción de la católica, claro está. Hasta aborrecía las religiones que derivaban del mismo cristianismo por «Tergiversar la palabra de Dios».
La cena transcurrió de forma alegre, con Lara nos limitamos a comparar conocimientos sobre algunas de las materias de la facultad y a esclarecer dudas. Mi amiga estaba tan bonita como siempre, parecía hacer alarde de sus expresivos ojos negros cada vez que me miraba fijamente; sentía que me atravesaba el alma y que podía saber todo lo que escondía en ella. Otro rasgo que me tenía cautivada era su sedoso y brillante cabello negro. Me daba un poco de envidia porque a mí me encantaría tenerlo así; pero no sabía si me quedaría tan bien como a ella que, al ser tan menudita y bajita, inspiraba cierta ternura. Además mi madre me desheredaría si llegaba a teñir mi pelo. Creo que ese rechazo a que yo me cambiara el color del cabello no se debía a que ella tuviera algo en contra de las tinturas, sino que era una forma más de imponer autoridad sobre mí.
Cuando la cena finalizó nos trasladamos a la sala de estar, donde tenían el televisor. Sus padres se despidieron y luego se fueron a su cuarto, para que nosotras pudiéramos estar más cómodas.
Lara me dijo que había escogido una de sus películas favoritas, con la esperanza de que a mí también me gustara. Se trataba de la primera película de “El Señor de los Anillos”. Nunca la había visto, ya que pensé que sería una bobería; pero me sorprendió muchísimo. El mundo fantástico en el que estaba inmersa la historia me dejó fascinada, al igual que muchos de los personajes. Como le hice notar esto a mi amiga, ella me recomendó leer los libros, comenzando por uno titulado: “El Hobbit”. Acto seguido fue hasta su cuarto y tras un par de minutos regresó con el libro en mano. Me explicó que ése me ayudaría a entender mejor la historia y que luego podía iniciar la lectura de la saga del Señor de los Anillos. Le prometí que lo leería y que luego podríamos debatir sobre el mismo. Más que la lectura, que sí me agradaba, lo que me ponía feliz era tener una buena excusa para conversar con ella. Estaba segura de que devoraría los libros en poco tiempo; así tendríamos una cosa más en común.
Como la película duró casi tres horas, nos había dejado agotadas. Decidimos que ya era hora de ir a dormir, porque al día siguiente deberíamos ir a la facultad. Por suerte no debíamos levantarnos tan temprano, ya que nuestra primera clase comenzaba a las diez de la mañana.

-3-


Toda la “normalidad” que tuvo la velada se fue disipando de a poco. Los nervios comenzaron a traicionarme apenas entramos al dormitorio.
Lara se quitó el pantalón con tanta soltura que me dejó pasmada. Vi sus blancas y redondas nalgas comiéndose la tela de una diminuta tanga negra. «¡Madre mía, que culito tiene la nena!». Eso jamás lo hubiera dicho en voz alta, pero la situación ameritaba expresarse; al menos mentalmente. Luego se quitó la remera, quedando con un corpiño haciendo juego con la tanga. A mí se me estaba poniendo la cara de todos colores. Comencé a desvestirme tímidamente, procurando no mirar mucho el cuerpo semidesnudo de mi amiga. Se suponía que esta vez debería estar mejor preparada, con una bombacha menos transparente, más discreta, similar a la que usaría una vieja de ochenta años; pero no. En un arrebato de inconsciencia me puse una colaless apretada y de tela delgada que traslucía los pelitos de mi entrepierna y marcaba el canal de mi vagina. Me quité también la remera, por suerte mi corpiño era un poco más discreto.
Rápidamente me tiré a la cama para, cubrirme con la sábana. Lara se acostó a mi izquierda, me dio el saludo de las buenas noches (en la mejilla, por supuesto) y pareció quedar dormida al instante. Me quedé mirando el techo por un largo rato rogando que el aburrimiento me hiciera dormir. No comprendía por qué no podía conciliar el sueño si hacía apenas unos minutos los ojos se me cerraban solos. Un incómodo recuerdo me invadió, no podía sacarme de la cabeza la imagen de Sofía gritándome como si yo fuera una loca peligrosa que había escapado del manicomio. No sé cómo pude ser tan ingenua y llegar a hacer algo tan peligroso con una completa desconocida; pero debía admitir que fue justamente este factor lo que lo hizo tan excitante desde un principio. Por un momento hasta me dieron ganas de sonreír al recordad cómo se sintió su vulva bajo mis dedos; pero esa alegría se difuminó ni bien recordé, una vez más, su reacción.
Maldita Lara, que dormía plácidamente.
La miré. Estaba de lado con su cola apuntando hacia mí. Simulando estar acomodándome en la cama, le rocé suavemente una nalga. Estaba fría, era como tocar porcelana. De golpe recordé todos esos videos lésbicos con los que me había masturbado, los toqueteos y besos con Tatiana, la masturbación de mi amiga en video, sus fotos desnudas, el sabor de su vagina. Y sí… me mojé. Me mojé todita.
«Excelente, Lucrecia. Vos cada vez estás peor», me dije mentalmente.
Me moví con la discreción de un elefante ciego en una cristalería; posé la mano en su nalga y le susurré su nombre al oído. Quería que se despertara, algo en mi macabra imaginación me hacía creer que si despertaba terminaríamos haciendo el amor apasionada y locamente.
Tenía la imaginación seriamente dañada; sin arreglo. 
Era absurdo, pero la idea me ponía sumamente cachonda.
Volví a llamarla por su nombre y la acaricié, bajando por la colina de porcelana, hasta llegar al cañón en el centro. Toqué la división de sus labios por arriba de la tanga, me pegué más a ella y la llamé un poco más fuerte. Sólo un poco.
Nada.
Una tumba hubiera sido más comunicativa.
Con el dedo mayor recorrí toda esa hendidura mágica. Me estaba mojando cada vez más y a ella le estaba pasando lo mismo. Sentí la tibieza de su sexo y apoyé mi boca contra su cuello.
¡Se movió!
Luego de escupir mi corazón, junto con gran parte de mis pulmones, y haciendo un esfuerzo inhumano por no gritar, me di cuenta que sólo había girado en la cama; seguía tan dormida como siempre.
Quedó boca arriba. Miré su cara fijamente, atenta a cualquier anomalía. Su respiración era pausada y sus ojos estaban bien cerrados. Esperé unos segundos y volví a las andanzas lésbicas.
Medité brevemente sobre qué pretendía conseguir comportándome de esta manera, y me dije a mi misma que era sólo parte del experimento; uno muy riesgoso. Esta vez busqué su boca. Muy lentamente hice que nuestros labios se tocaran; podía sentir la tibieza de su aliento. Eso me confirmó que dormía plácidamente. Me quedé allí por unos segundos con los ojos cerrados disfrutando del momento, con el corazón bombeando a toda marcha. En su boca había algo que me volvía loca, pero más loca me volvía por los labios que estaban más abajo.
Sus piernas habían quedado bastante juntas. A rastras llegué hasta ellas y las fui separando lentamente, siempre atenta a cualquier cambio o al más mínimo movimiento. Mi corazón ya latía a un millón de revoluciones por segundo. A no ser que yo de repente me hubiera convertido en colibrí, esto no podía ser nada bueno para mi salud. No le di demasiada importancia, ya que si mi amiga se despertaba, sin dudas estaría muerta en pocos segundos.
Definitivamente, el lesbianismo es un deporte de alto riesgo.
Cuando por fin logré separar sus piernas me quedé encantada con lo que vi. Su vagina estaba mordiendo la tanguita, como si quisiera tragarla por completo. A esta altura del partido, mi estado de locura era importante; me jugaba el todo por el todo. Para demostrar mi falta de criterio, y mi débil estado mental, me desnudé por completo. Me despojé de mi corpiño y de mi colaless, como si inconscientemente quisiera ser atrapada. Sabía que si mi amiga despertaba o alguno de sus padres entraba al cuarto no tendría forma de escapar de ésta; pero el riesgo era lo que lo hacía enfermizamente excitante.
Mi morbosa y dañada mente me estaba mostrando facetas de mí misma que desconocía por completo. Lo primero que hice, al quedar desnuda, fue ponerme de rodillas en la cama y comenzar a masturbarme mientras admiraba el cuerpo de Lara. Agradecía enormemente que la ventana estuviera abierta y que la luz fuera buena, pero yo necesitaba ver más. Interrumpí mis toqueteos para encender una lámpara en la mesita de luz y la apunté hacia una pared para no alterar a mi amiga. Pudiendo ver con mayor claridad, regresé a mi posición. Tenía la entrepierna empapada y fue un alivio el poder meterme los dedos, lo necesitaba como nunca. Últimamente me estaba masturbando más de lo que lo había hecho durante toda mi vida… y disfrutándolo más.
Bajé la cabeza lentamente hasta darle un besito en la zona del clítoris a mi amiga. Admiré detenidamente sus labios apretados por la tela de la tanga mientras me sobaba los pechos. Con un leve movimiento pude apartar su ropa interior dejando expuesto ese manjar femenino. ¿Cómo podían ser tan hermosas las vaginas y yo nunca lo había notado? Al menos hasta ahora.
Acomodé mi largo cabello castaño, y lo dejé caer hacia la izquierda. Me acerqué más, ese intenso olorcito a almejita húmeda me estaba volviendo completamente loca. Cuidadosamente, con la puntita de mi lengua toqué su botoncito sexual, el cual asomaba erguido. De a poco, intentando no despertarla, fui lamiendo como lo había hecho aquella noche.
Si quería confirmar mi gusto por el sexo femenino, debía ir más allá. Sabiendo que Lara no se despertaría, di una lamida firme, pegando mucho mi lengua a la división central de sus labios. ¡Cómo había extrañado ese sabor! Lamí unas cuantas veces más sin dejar de toquetearme, frotándome el clítoris o introduciendo mis dedos; cualquier cosa que ayudara a estimularme. La calentura me estaba nublando el juicio (el poco que aún me quedaba), la culpa había quedado relegada. Sin dejar de masturbarme comencé a degustar los jugos que manaban de la rajita de mi mejor amiga.
Perdí la cabeza por completo; seguramente se debía a años de reprimirme. Estaba dejando salir toda mi sexualidad de golpe. Me las ingenié para poner mis rodillas a los lados de su cara sin moverme demasiado. Bajé la vagina hasta que prácticamente tocó su boca y me masturbé como si estuviera poseída por el demonio de la lujuria. De pronto noté los suaves labios de su boca rozar contra los de mi vagina, transmitiéndole mis fluidos. Miré hacia abajo, ella no se movía. ¿Estaría soñando con sexo lésbico otra vez? Temí llegar demasiado lejos y despertarla, por lo que me aparté; pero mi excitación no menguó ni un poquito. Sabía perfectamente que todo esto era una locura, quería detenerme pero me resultaba imposible, no controlaba mis acciones. Tal vez realmente estaba poseída… esa noticia no alegraría para nada a mis padres.
Volví posicionarme entre sus piernas, esta vez sí que perdí la poca cordura que me quedaba. Comencé a chuparla, no lamerla, sino a chuparla de verdad. A comerla. A engullir todo su sexo y succionar sus jugos. Sin dudas esto era lo más estimulante que había probado en toda mi vida. Le di un chupón a su clítoris sin pensar en nada. Me pegué a su sexo como una sanguijuela succionadora de flujos vaginales. Cerré los ojos y me dejé llevar por el enorme placer, frotando mi propio sexo con alevosía.
En ese momento, como Lázaro cuando se levantó entre los muertos, Lara se sentó en la cama. Miré hacia arriba y me encontré directamente con sus ojos abiertos como platos. Ella intentaba desesperadamente comprender qué ocurría; pude leer el terror en su mirada. Ni siquiera atiné a quitar la boca de su vagina.

Si yo fuera un espía de la KGB, éste sería el momento preciso en el que debía tomar la pastilla de cianuro.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola, muy bueno.
Por cierto, ¿Continuaras la de Streep Poker? Saludos.

J. Hernandez dijo...

Mmm he estado disfrutando mucho de estos últimos capítulos, ya hace un bien tiempo que me leí la antología anterior y me encanta que los estés retomando y verificando, excelente trabajo, este especialmente es uno de mis favoritos, espero que continúe pronto, saludos.

Anónimo dijo...

Adoro que estés retomando este, tu obra maestra de relatos eróticos, siempre pensé que tenía el potencial perfecto para ser publicado oficialmente como un libro, estoy segura de que sería un gran éxito, por eso estoy disfrutando excesivamente este remake ya que con algunos retoques y ajustes, se rebela toda la calidad que siempre te ha caracterizado como autora, espero que sigas adelante y lo termines, he estado leyendote desde que lo iniciaste por primera vez allá en Todorelatos y de vez en cuando te recuerdo y entro a ver qué has estado haciendo, es difícil olvidar autores que de verdad te han tocado.
Estaré más al pendiente por actualizaciones, en realidad no había pasado más ya que los relatos hetero no son de mi gusto, pero encontrar que retomaste este (uno de los mejores relatos que he leído) me emociona inmensamente y simplemente no pude evitar leerlo todo de golpe, muchas gracias por hacerlo, como siempre me amenizaste la tarde.

Anónimo dijo...

Siempre me he preguntado sobre esta escena, espero que no se considere un spoiler pero en la versión anterior Lara sabía desde antes sobre lo que hacía Lucrecia y no sólo eso, sino que esperaba a que se fuera a dormir para luego ella chupársela también, yo había inferido que ambas estaban pasando por un momento similar de despertar sexual y por lo tanto estaban asustadas de confrontarlo la una con la otra, según esa parte entonces Lara se había parado sólo porque Lucrecia le estaba haciendo tan bueno que se iba a venir, pero entonces no vendría muy al caso que luego Lara se enfadara, sorprendiera y desengañara de Lucrecia. Estoy desde hace días muy ansiosa esperando la continuación, a pesar de que tecnicamente sé qué sigue, el pensar en detalles nuevos me anima mucho, por cierto sólo es un comentario pero personalmente me gustaría mucho que Lucrecia perdiera su virginidad lésbica (del todo) de otra forma a la que estaba anteriormente, es una de las cosas que me tiene más impaciente. Siendo eso todo, unas felicitaciones ya que adoro leerte.
Eh también, puedes borrar el comentario si te parece que contiene spoiler o es inadecuado, sólo quería compartir lo que pienso.

Yumi Chan dijo...

(SPOILER NO LEER COMENTARIO :p)
He leído la historia un par de veces pero no al punto de saberla de memoria Jajaja
Así que como tu dices, las dos estaban descubriendo su sexualidad aunque Lara lo tenía más claro que lucrecia y lo ocultaba. En un capítulo Lara le dice a lucre que quizá exageró en su reacción al "descubrirla" entre sus piernas y empieza a reír también dice que desde que la conoció sabía que terminarían teniendo sexo, eso es lo que recuerdo.
En conclusión Lara sólo actuó, no estaba enojada de verdad. (Al menos así es cómo lo recuerdo 😂)